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Historias que inspiran

Todo comenzó con una conversación casual en el subterráneo de Londres, a principios de los años 90. Gini Bhogal viajaba con amigos en la línea Piccadilly cuando un niño hizo reír a todos los pasajeros, y eso dio pie a un intercambio espontáneo con la mujer parada a su lado: Anita. En esa charla improvisada, Anita le confesó que no podía tener hijos por un problema con sus óvulos y que estaba buscando una donante. Gini, sin dudarlo, sintió el impulso inmediato de ayudar. Bajaron juntas en la próxima estación y se intercambiaron los números.

El marido de Gini recibió la noticia con escepticismo y preocupación, pero ella nunca vaciló. Comenzó un tratamiento médico y donó 17 óvulos, de los cuales diez se convirtieron en embriones. Los primeros nueve intentos de transferencia fallaron. Fue recién el décimo y último embrión el que funcionó, y Anita quedó embarazada. Nueve meses después nació Christopher, a quien muchos llaman “el bebé milagro”, no solo por la dificultad del proceso sino porque, como él mismo dice, se necesitaron tres personas para traerlo al mundo.

Sin ningún acuerdo formal de por medio, las dos mujeres mantuvieron el contacto a lo largo de los años. Gini se convirtió en la “tía Gini” y, aunque la familia de Christopher vivió en distintas partes del mundo, siempre encontraban la manera de verse. Sin embargo, Christopher creció sin saber la verdad sobre su origen.

Eso cambió hace tres años, cuando sus padres decidieron contárselo todo en una videollamada, con la propia Gini presente. La pandemia y la necesidad de compartir su historial médico fueron el detonante. Para Christopher, fue un momento profundamente emotivo que abrió las puertas a una familia más grande y a una segunda figura materna. Poco después viajó al Reino Unido para conocerlos en persona, y descubrió con asombro cuánto tenía en común con Gini: la misma música, el mismo café, el mismo sentido del humor.

La familia de Gini, incluidos sus padres de estricta fe sij, lo recibió con los brazos abiertos desde el primer momento. Hoy Gini y Christopher siguen construyendo su vínculo y decidieron hacer pública su historia con la bendición de todos los involucrados. Desde entonces, muchas mujeres del sur de Asia se contactaron con Gini para agradecerle haberles dado “permiso” para hablar de sus propias experiencias con la infertilidad y la donación de óvulos, temas que siguen siendo tabú en esas comunidades.

Christopher, que hoy espera su propio hijo, reflexiona sobre todo lo que esa conversación fortuita en el subte desencadenó: “Es tan interesante pensar que ese momento fue lo que dio inicio a mi vida.”

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